viernes, 17 de septiembre de 2010

...que vivir sin sentirla.

Yo esos días me baño con agua más fría. O será que la temperatura es la de siempre pero mi cuerpo hace la diferencia. La ropa no me sienta, me calza. El andar se siente felino, la mirada también. Yo no me toco el pelo pero me muerdo insistente el labio inferior, o deslizo la lengua contra uno de los colmillos. Tengo la caída de pestañas en slow.

Tengo un soft-porn mental. No puedo evitar caer en escotes, braguetas, bolsillos traseros, músculos, nucas, hombros. Pierdo el colectivo espiándole los lunares al de adelante, me paso de parada sintiéndole el perfume a la de al lado. No sé, “feromonaaaaaaas a Mi!”.

Se me eriza la piel a cada rato, como si me susurrara el fantasma… Benito Cámelas. Me siento, bien derechita, cruzada de gambas. Lo que nunca, yo que vivo despatarrada!

Ese día me dan ganas de taco aguja y, aunque vaya en ojotas, camino con ese estilo. Ese día me dan ganas de media de red y conjunto de encaje y, aunque vaya en camiseta de morley y bombachudo, siento la puntilla en las ganas. Y no es que esté necesitada o caliente. Es que tengo puesto los lentes. Como los transnuden pero en viceversa, me transnudan a Mi misma. Me veo todo el instinto.

Todo lo fálico me cabe en la mano ese día. El picaporte, el tubo del teléfono, el pasamanos de la escalera, la palanca de cambios. Todo con firmeza sugestiva. Todo para Mi, entendés? No es un show, es algo mío. No, vos tampoco te das cuenta si yo no te lo digo. Ya sé, me pasa como a vos pero diferente. Es así, es que a todos nos pasa. Cada uno a su manera tiene su día intenso. Bueno, sí. No todos de la misma forma. Si le mirás la cara a Fulanita y te das cuenta. Si Fulana tiene un día intenso será porque no encontró el café para desayunar o no consiguió monedas para el bondi. Si Pan de Leche tiene un día intenso, con esa cara de sin gusto, será porque le dieron más ganas de hacer abdominales que otros días o repentinas sentadillas, qué sé yo! Que Alpha Blondy disfruta tanto de hacerse mirar que, creo yo, no debe disfrutar de ninguna otra cosa.

Tenés razón, no a todos nos pasa igual. Pero que nos pasa nos pasa.

No es lo mismo sentirse viva...

Vía SMS, el martes, durante el viaje de regreso a casa...

 


viernes, 10 de septiembre de 2010

Como ser mujer y no morir en el intento (1991)

Odio, odio mal, que le atribuyan el malhumor a las hormonas. Me revienta la odiosa pregunta: te está por venir? Qué semana!
A Mi, en días como hoy, me dan ganas de ser “sola” otra vez. Al menos por un rato. Hasta la hora de meterse en el King size al menos… Sí, ya sé. Re gataflora.
Seeeeee, yo hoy sería soltera y sin hijos. Entonces no hubiese tenido que vestir a nadie rígido, en posición “tabla de surf”, resistiéndose al uniforme. No hubiese preparado los desayunos, yo hubiese desayunado mantecol. Hubiese llegado bien tarde al laburo, con mucha cara de ojete así nadie se quejaba. Hubiese llegado bien tarde al laburo y hubiese puesto bien al repalo música bien para el día de furia… hoy era Ozzy, o Zeppelin. Y que el resto se cague! Qué día de miércoles! Pero MUY lunes, eh? Un típico día del orto.
Si yo hoy hubiese sido solita, no habría esperado a nadie para irme del trabajo a casa, a meterme en la cama sin cocinar. A comer galletitas de agua con paté y una gran copa de tinto. Hasta me hubiese fumado del narguile USB! Hubiese pelotudeado en Facebook, en el chat. Me hubiese dedicado a escribir hasta las tres de la mañana, escuchando el compilado gay-latino en su máximo volumen. Sin importar si hay vecinos. Que se caguen los vecinos también!
Que después de tener hijos y transitar la tercer convivencia, me doy cuenta que lo que más se extraña de la soltería no tiene que ver con no poder juntarte con tus amigas para salir a bailar, o no poder fisgonearle el culo a algún pibe por la calle. Lo que más extrañas es no ser sola con todas tus miserias. La familia casi te obliga a compartir lo peor de vos, lo que hubieses preferido quedarte masticando hasta que se te pase. La libertad que sólo tiene aquél que no rinde cuentas, eso se extraña! No me refiero únicamente a explicar por qué vino en el resumen de la tarjeta una compra por 890 pesos de la zapatería sino más bien a los pequeños detalles que hacen el todo. Como el silencio prudente de nuestro propio reflejo, que jamás se atrevería siquiera a insinuarle al espejo que sí, que a Mi sí me tiene que venir pasado mañana y, al menos por las próximas 48 horas, voy a querer que explote el mundo!